lunes, abril 24, 2006

Probando, probando

A ver si esto me funciona... A ver, a ver...

martes, marzo 28, 2006

El Cierre

Aprovecho que mis compañeros de viaje (y sin embargo amigos) ya han escrito sobre nuestro periplo para evitarme entrar de nuevo en narraciones largas y, sobre todo, repetidas. Siendo así, lo haré sencillo, y sólo me referiré a la felicidad que da viajar bien acompañado, a la sensación de libertad que da ver pasar las nubes mientras se avanza, al espasmo de vida que me recorrió al dejar atrás el arociris y a lo tremendamente afortunado que me sentí sabiendo que me puedo permitir gastar dinero, y que este lo gano haciendo lo que me gusta.
A ver si el próximo lo podemos compartir todos.

PD: Lisboa es una ciudad preciosa. Y apenas consume fluido arácnido...

Esto... Eh...

20 Euros...

martes, febrero 21, 2006

In the mood for Xavier

Esta historia que viene a continuación es cierta. Si no os la creéis, peor para vosotros.

Acabo de salir del fisioterapeuta que me ha dicho que no tengo nada. Para celebrarlo, he decidio ir dando un paseo hasta la parada de metro menos cercana a la clínica... y ahí ha empezdo todo. De repente, mientras caminaba y caminaba saltándome paradas de metro y bus por doquier sin molestarme en atajar, he sentido la imperiosa necesidad de seguir hacia delante por un camino determinadísimo. La senación, para aquellos que hayan leído el libro y no se expliquen de qué va todo esto, es comparabale a aquella que describe la marcha de los Uruk-Hai por Rohan cargando con los hobbits. Me sentía espoleado a ir hacia adelante sin detenerme y sin tomar ningún medio de transporte. Llegado a López de Hoyos he entrado en el VIPS también urgido por esta premura, y me ha sorprendido no encontrar nada ni encontrarme con nadie. Presa de la incertidumbre (suelo hacer caso a mis impulsos porque suelen llevarme a alguna parte) he salido de la tienda y he seguido andando, furioso, rumbo a no sabía qué.
Hasta que por fin llegué a Gregorio Marañón y allí estaban, en la calzada...
45 euros en tres billetes. Los he cogido, presa de la emoción, y mi wanderlust se ha detenido.
¿Alguien sabe quién da clases de control de mutaciones?

domingo, febrero 19, 2006

Suerte 2

Hoy va de segundas partes, pero estas sí que son buenas.

Ayer me encontré una moneda de diez céntimos y dos de dos (qué difícil de decir), pero la palma se la llevó el as de copas que me encontré mientras paseaba taciturno (y mojado) por la noche madrileña... Miento, la palma se la han llevado los cinco eurazos (sí, otra vez) que me he encontrado al salir del garito donde hemos comido. Si es que no hay nada como tener un don y saber explotarlo.

Manías 2 (o 2 manías, según)

Bueno, he encontrado la segunda manía:

2- Cada vez que voy a tener algún tipo de conversación importante (ya sea con una mujer, un amigo/a o alguna bronca familiar ineludible) la recreo en mi mente una y otra vez dos días antes para ver qué cosas pueden pasar y qué decir al respecto (aunque conste que ya lo voy haciendo menos). Ya está. Lo siento.

viernes, febrero 17, 2006

La Fuerza me abandona

Siempre me he caracterizado por una habilidad innata para hacer que la gente vaya dispuesta a chocarse conmigo por la calle (habilidad directamente proporcional a la de esquivarlos) y siempre he pensado que algún día sería bueno no hacerlo para ver cómo se estampan con mi altanera figura (suelen ser viajas y niños los que más me "amenazan"), pero ayer, tras esquivar a una niña teniendo que saltar a la pata coja y arqueando la espalda, debí quedarme sin poderes, porque al día siguiente le estampé a un pobre hombre el hombro (valga la rebuznancia) en la cara y me quedé con sensación de culpa.

Si es que no hay nada peor que el cumplimiento de un deseo.

Manías

Ya que me pasan el testigo tendré que recogerlo, aunque advierto que manías tengo pocas (pero muy arraigadas, eso sí)

1- No soporto que haya luces encendidas innecesariamente.

Creo que ya... no se me ocurre ninguna más. En fin, si sale algo seréis los primeros en saberlo.

viernes, febrero 10, 2006

Para Lironcillo (y tantos otros)

Quisiera, como decía aquel cuyo nombre entre otros homenajeo, que la inspiración me cogiera trabajando, pero temo que no trabajo lo suficiente como para que esto ocurra.

Me considero una persona disciplinada, pero mis esquemas suelen verse destruidos con mucha facilidad: una visita, el regreso de mis padres (y de los perros) o la proximidad de un viaje o de un asunto importante hacen que mi cuidada y estudiada rutina se convierta en una lucha por poder sentarme frente a la pantalla por lo menos por lo menos veinte minutos.
El asunto es que, por lo general, suelo ser más productivo en esos veinte minutos robados que en una hora de férrea sesudez, pero que como la mayoría de las veces me veo obligado a escribir de una manera que no me gusta, la estela de la mínima premeditación, que es más cómoda, se acaba en seguida. Ya se sabe, pura Ley de Murphy.

Cuando me refiero a escribir de una manera que no me gusta, hablo de la concentración, tanto intelectual como física: me da igual que suene a excusa, pero creo que todos escribiríamos más y mejor si pudiéramos dedicarnos todo el tiempo o todo el que quisiéramos a escribir, y sobre todo a escribir sobre una sola cosa. Siempre andamos con algo en la cabeza, y por mucho que sobre el papel encaje todo, en realidad siempre se acaba el tiempo antes de que nos demos cuenta de que se ha ido.

De vuelta a mi caso en particular, y para muestra un botón, diré que cuando más a gusto escribo es en domingo. Inspiraciones religiosas a un lado, esto se debe a la sensación ya mencionada de “no tengo nada más que hacer”, lo cual tiene un efecto balsámico y alentador, que hace que no me quiera dedicar, entre semana, a dejar la escritura a un lado y ponerme a hacer calceta o cualquier otra cosa para la que a veces pienso que soy más apto.

Flagelos aparte, y ya casi acabando (que una cosa es tener tiempo y ganas y otra saber articular discursos largos) diré que lo que más me motiva para escribir, lo que hace que mi cerebro trabaje a un mejor ritmo, lo que más me inspira, es el trabajo de los demás. Siempre tengo ganas de escribir cuando leo algo que me emociona, o cuando veo algo que me da una clave o me enciende una bombilla, o cuando escucho una historia imponente que puede transformarse en otra cosa, algo que me haga mantener su espíritu pero que acabe contando lo que yo quiero.

Una vez escuché o leí a alguien que dijo: “si tengo ganas de escribir y no me pongo a escribir, entonces no tengo ganas de escribir”.

Las ganas de escribir vienen, como todo, cuando no las llamas, y si consigues que coincidan con tu disciplina, estarás en la cresta de la ola. En mi caso no es fácil que ocurran las dos cosas, pero lo intento. Murphy sabe que lo intento.

Los peligros de la red

Hoy he contactado vía messenger con alguien a quien no había visto nunca. Cuando le he preguntado quién era me ha respondido que la hija de Tony Blair.

As he would say: "No comment"

Perlas

Lo bueno que tiene trabajar entre letras es que a veces llegan a tus manos frases como estas:

SEÑORA: Doctor, ¿cómo está mi marido?

DOCTOR: Evoluciona mejor de lo que nos temíamos.


CURA: ¿Cómo se encuentra ahora?

MARIDO ACCIDENTADO (que sí sobrevivió pese al Doctor): Dentro de lo que cabe, mal.


CHICO: Padre, es que mis pensamientos son muy impuros.

CURA: Ya lo sé, qué me vas a contar.


Ay... Qué felicidad.

Suerte

En Marrakech, este verano, me encontré tirado en el suelo un naipe de una baraja mora que representaba a la Reina de Oros (sí, mujer, habéis leído bien). Como yo en meigas no creo pero haberlas haylas, guardeme la carta en la cartera y (además de entender de dónde venía el nombre de cartera) seguí mi camino.

Pese a que no me iba mal, tiempo después mi roommate Daniel, que tiene un octavo de sangre Leprechaun (el hijoputa se comió uno antes siquiera de oírle decir "buenos días a ti"), me regaló una moneda "Eiresa" con lira inlcuida y llena, como dicen los changelings de "glamour".

El otro día (y ya me iba bien del todo), decidí aunar esfuerzos y junté la carta y la moneda y sí, queridos amigos, después de encontrarme varias monedas de céntimos, me encontré un bonito billete de cinco euriles tirado en el suelo. No es mucho, lo sé, pero lo curioso es que lo necesitaba en ese preciso instante porque no tenía cambio.

Suerte, toda. Casualidad... no lo creo.

(Aviso: el autor de este blog no piensa compartir los cinco euros con el gobierno marroquí, y mucho menos con Daniel).

EX

Quedar con una ex pareja es como volar en avión: Sabes que lo más probable es que sobrevivas, que habrá un par de veces que el estómago se te dé la vuelta y que en el momento de tocar tierra todo te habrá parecido una chorrada.

La verdad es que pese a todo no me puedo quejar. Fue agradable, tierno y, pese a las pequeñas e inofesnsivas puyas/reproches, fue una velada agradable.

Gracias Emilia!

Mil perdones

Disculpadme, vosotros mis lectores, pues han sido unas semanas mu aburridas(tanto que hasta estuve en los Goya). Espero retomar mi actividad blogeril en breve. Sirvan estas cosillas como muestra de buena fe.

lunes, enero 23, 2006

El regalo secreto omega

Por fin...

Por fin se resolvió el misterio. No podía ir a la Fnac porque una parte del regalo, el DVD, estaba en la sección de novedades, y no pude ir a casa de Pablo porque el embalaje conjunto (el DVD vino con cuatro libros) estaba empaquetado de maravilla y el día que quise ir fue el día de dicho empaquetado. Caso cerrado.

Gracias amigos!!!

Acoso Laboral

Pues sí, sufro esa terrible lacra. El otro día, una de las chicas se acercó a mí y sin previo aviso me examinó brazos y hombros, admirando mi musculatura. Sorprendido y halagado, seguí mi camino hasta darme con otra de las chicas del equipo que, a cuenta de una conversación de índole económica que estaba manteniendo con una tercera persona, acabó diciendo que estaría dispuesta a comprarme y de nuevo palpóme abdomen y pectorales...

Y yo voy y me lesiono. Si es que no se puede tener todo.